Racing Campeón del último torneo corto del fútbol argentino

Se habla de semejanzas entre el equipo campeón de 2001 y el de 2014 empezando por su condición de emergentes de situaciones críticas. Un rasgo que reconoce antecedentes aún más antiguos, porque marcó también al mismísimo Equipo de José, del que Pizzuti se hizo cargo cuando iba último. Cuando la Academia dejó atrás los 35 años sin títulos, en 2001, nadie recordaba que un año antes había trazado la peor campaña de su historia, con el último puesto en el Apertura 2000.


Y hoy también parece lejano el penúltimo lugar tras el pésimo recorrido en el Inicial 2013. El plano institucional no escapa a ese juego de espejos; Víctor Blanco, que anteayer ratificó formalmente su conducción, había asumido como recurso extremo tras la profunda crisis que eyectó a Gastón Cogorno y a Rodolfo Molina, en septiembre del año pasado. Aquel campeón del Apertura 2001 fue un subproducto de la peor coyuntura histórica de Racing: lo gestó el gerenciamiento derivado de la quiebra de 1999.


Como el de Diego Cocca , el que condujo Reinaldo Merlo se formó para la ocasión. Mostaza armó su base con diez refuerzos (Campagnuolo, Maciel, Loeschbor, Vitali, Bedoya, Viveros, Leo Torres, Ríos, Gustavo Barros Schelotto y Maceratesi), uno menos que los que recibió a mitad de año Cocca (Milito, Bou, Videla, Lollo, Gastón Díaz, Grimi, Acuña, Nico Sánchez, Acevedo, Castillón y Voboril), más los regresos de Centurión, Pillud y Pérez Guedes. Ambos rebatieron la teoría de que los campeones son fruto de procesos prolongados. Casi todos ellos tuvieron participación importante en las dos campañas.


"Este Racing rompió con todas las reglas porque nadie imaginaba lo que iba a hacer", explicaba, en el final del inolvidable 2001, un Diego Milito de 22 años. Hoy podría decir lo mismo. Hilo conductor de las dos épocas, su influencia en aquella consagración fue, por supuesto, muy diferente a la actual. Aunque hace 13 años no faltó a ningún partido, para Mostaza terminó siendo una opción -la otras, Maceratesi y en menor medida el colombiano Viveros- del ataque en el que Maxi Estévez fue ganándose de a poco un lugar seguro, a fuerza de los goles (7, en total) que lo consagraron como el artillero.


Cocca armó su estructura alrededor del Príncipe, con el que sólo dos veces (contra Lanús y Newell's) no pudo contar, tras su lesión en el clásico con Independiente, y de quien soportó una dura muestra de fastidio cuando lo sustituyó ante Quilmes.



Aunque quizás el relevo del guerrero que simbolizó Adrián Bastía pueda encontrarse en Ezequiel Videla, no está en las individualidades el parecido entre un equipo y otro sino en el perfil combativo que los guió al título. Convencido desde siempre en el caso del de Mostaza; adaptado sobre la marcha en el de éste de Cocca, cuyo ambicioso discurso inicial viró hacia la versión cuidadosa que con Saja, Lollo y Cabral como fortaleza no soportó goles en los últimos seis partidos.


En los recorridos de uno y otro también hay un par de curiosidades más. El temple ganador del Racing 2001 se forjó en la lluviosa e increíble tarde del 3-2 a Estudiantes en La Plata, tras ir 0-2. Su reflejo actual fue el 2-1 a Boca, con aquella reacción en el segundo capítulo del clásico. También la visita al Pincha fue un propulsor, pero muy distinto: el 4-0 abrió el sprint final que incluyó ocho triunfos y un empate. Y River, el competidor y test decisivo, sorteado entonces con el bombazo de Bedoya para el 1-1, y ahora con la desventura de Funes Mori.

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